jueves, 24 de septiembre de 2009

L'Oréal. Anuncios con arte.












L'Oréal ha cumplido 100 años.
Tiempos lejanos aquellos en los que Eugène Schueller, químico francés, investigó la naturaleza del cabello de una manera meticulosa y científica usando su pequeña cocina de laboratorio. Un gran visionario, estudioso y desafiador que años después crearía un Grupo denominado L'Oréal.
Los carteles que anunciaban su marca no escapaban a la creatividad, composición y eficacia comunicativa. En color, en escala de grises o a una tinta, su vitalidad, dinamismo y puesta en escena impecables invitaban a ser vistos como de si de una obra de arte se tratara; y es que hoy lo son: un punto de referencia en el que el trazo, el dibujo y el color manual podrían superar a muchos anuncios y carteles efectistas y digitalmente manipulados (y explotados) de hoy.
Imagen 1.Primer anuncio creado en 1908
Imagen 2. Anuncio de prensa ilustrado por Claude. 1924
Imagen 3. Anuncio de prensa ilustrado por Lelong.
Imagen 4. Anuncio de prensa publicado en L'Ilustration.
Imagen 5. Anuncio de prensa. 1921











































martes, 8 de septiembre de 2009

¿EXCESO DE CREATIVIDAD?

Dicen que el hambre hace listos.

En las épocas de "crisis" se agudiza el ingenio y la búsqueda de oportunidades y de empleo hace que potenciemos nuestra creatividad. Me resulta fantástico que le demos caña a nuestra materia gris, que salgamos de nuestras acomodadas vidas y que nos pongamos manos a la obra en nuestra originalidad y manera de presentarnos, sobretodo por escrito y cuando de nuestro Currículum Vitae se trata. Ahora, centrémonos en nuestro objetivo y recordemos que en diseño cada uno de los elementos tiene que tener sentido, cierto orden y coherencia, sobretodo si se trata de una presentación, donde se pretenda que el texto se lea y se entienda con la máxima rapidez y facilidad posible.

El último que recibí me llamó especialmente la atención. Alguien que había hecho de todo y de entre "todo lo que había hecho" se formó en alguna disciplina relacionada con el diseño gráfico, artes gráficas o publicidad, se ofrecía para trabajar. Su currículum se presentaba a modo de tríptico. La idea es "original", todo hay que decirlo, pero solamente en una vista rápida a la portada, daban ganas de soltarlo como si de una patata ardiente se tratara. En la portada, me centré en la foto: la persona parecía estar de fiesta, sumamente divertida y sonriente, la frente se le cortaba en la parte superior de la fotografía y los hombros desnudos; leí su nombre: de tamaño considerablemente más grande que el resto de la información, mayúsculas y negrita; sus datos personales carecían de edad o fecha de nacimiento, estado civil e número de hijos; luego se indicaba su número de móvil, más grande que el nombre y además en cursiva. Exactamente, llegado este punto, yo aún no tenía demasiado claro qué ofrecía el interesado. Seguimos en la portada: en los dos tercios inferiores se comunicaba un texto en letra bastante pequeña; muy poético, eso sí, pero nada concreto, ameno ni interesante. Cada vez entendía menos, hasta que empecé a abrir la caja de pandora en dos dimensiones.
El interior aún fué más dramático. La maquetación y el diseño parecían una broma pesada para el lector. La tipografía no salía de "lo corriente" y se conjuraban cuadros de texto en orientación vertical con los horizontales; la diversidad de la información y su dudoso orden no hacian más que complicar aún más su lectura y comprensión.

Entonces empecé a entenderlo: queremos ser tan creativos que nos perdemos en los detalles olvidando la esencia de nuestro trabajo, de nuestra presentación, de nuestro diseño. Hay una carencia de síntesis en el diseño, de simplificación en la información y de amenización en el conjunto y en su lectura y visibilidad.

A la creatividad, como a todos, el exceso no le sienta bien.